martes, 11 de junio de 2013


Es cuestión de un parpadeo. 
Una caída libre de sus ojos a mi boca mientras sus dientes juegan con mi imaginación. En la suya. Mordisqueándola. 
Tan descaradamente como en su cabeza él lo hace con la mía.

Y como perro fiel a sus ojos, un escalofrío se desliza por mi ombligo. 

Y así es, como me ganas. Siempre.


Mientras se entretienen las miradas ajenas.

Tan picaras, que se hacen las locas mientras esperan ansiosas un desliz o una mano tonta. Y un poquito descarada. Como tu sonrisa. 


Mientras, yo bajo la mirada, como si escondiéndola abanicara el color y el calor. Y el de mis mejillas. También.

Que sube el hormigueo por mis manos. Pidiendo un "más allá" que "que se yo" pero "ya tarda". Y engancha, pero no llega. Porque espera. Por eso de no perder. Ni tradiciones tampoco.

Y buscan las cosquillas regalarse, y suplicar con aliento entrecortado un VEN. 
A be(ver)me. Y a llenarme. 
A marcar la ruta de mis ganas a las tuyas. A solas, por favor. 

Pero se duermen ya frías encima de los mapas y las horas. Sin brújulas ni sentido.

Rutas de cosquillas que viajan solas de vuelta al ombligo. 

Y dejan las manos. Y el pecho. Hueco. Y se mecen a sabiendas que es la hora de a(pagar)se.

Porque saben las cabronas que es el turno de  esas del norte. Las de arriba. Del todo.
Las del trabajo sucio. 
Las que como buenas fulanas se pasan de listas. Y manejan el cotarro a su antojo. Despilfarrando ideas y torturas a destajo.

Esas que preparan sus mejores gritos para taladrarme la noche. 

Porque así son ellas. Cosquillas putas. 

De las que se cobran con tu(s) sueño(s) y después de joderte se largan.

Te acarician las ideas para que creas que solo las necesitas a ellas. Y a nadie más. 
Aunque si quieres, siempre pueden unirse sus primas las dudas.
Pero ya sabes como funciona esto. Te va a salir más caro.

Y titubeas ante las curvas, y le ruegas a tu ombligo que vuelvan las cosquillas buenas a hacer carreras rectas. De los pies al pecho. 

Rozas freno y acelerador con las puntas del "¿y si?" buscando el sentido en un camino corto que atraviese los malditos giros. De un tirón.

Mientras putas y dudas acaban con lo poco que te quedaba. Dentro. 

Siempre terminan yéndose.
Dejándote esa sensación de saciedad y agotamiento incompleto, pero útil.
Al menos por un ratito en el que te crees fuerte. 
Capaz de seguir. Sólo. 

Hasta qué se cruzan tus miradas furtivas. Y tu respiración en mi pelo. 

Otra jodida 
y deliciosa 
vez.

...
Y como lo sabes. 


Y piensas dejarte de putas y primas.

Que ese escalofrío de tus ojos en mi cuerpo tiene que ser algo bonito. Como eso que los colados llaman amor. O parecido. 


Pero tanto de adictiva tiene tu boca como las noches de gritos allí, por las cosquillas del norte. 
Sobretodo cuando no quedan perdices que cazar.

Y cuídate de ellas. Por si se duermen las bonitas y las vuelves a llamar. 
Porque (sabes que) lo harás.