- No lo entiendo.
- ¿Qué no entiendes?
- Que lo vivas así. Es como si lo que hiciera no fuera lo que te esperabas. Te saca de quicio. Te enfada. Como si quisieras algo distinto, reacciones diferentes, y aún así te gustara.
- Supongo que por eso me fascina. Es chulo, arrogante, borde, cabezón, cortante. Guapo. Encantador. Serio. Excitante. Distraído. Olvidadizo. Llorón y quejica. Valiente por y para mí.
Un gilipollas a veces, pero con un toque dulce. Muy dulce. ¿Sabes? Es lo menos detallista del mundo. Pero lo más sorprendente.
Es sexy en su faceta de hombre. Desquiciante y agotador cuando se comporta como un niño. Siento que a veces me supera. Sobre todo cuando no nos ponemos de acuerdo. Es decir, nunca. Siento rabia, impotencia, odio. Amor. Le mataría. Le mataría y le besaría. Y le volvería a besar. Y no dejaría de hacerlo nunca. Porque adoro su cara cuando se enfada. Y cuando me desenfada. Y cuando me mira. Y cuando me acaricia. Y cuando me desea. Porque conozco su voz, sus gestos y sus respuestas en cada momento. Cada situación. Porque le espero, y me busca. Me conoce. Porque se que somos totalmente distintos. Excepto en una cosa.
- Que estáis locos el uno por el otro.
- Completamente.
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veintiocho.