La verdad es que nunca me plantee llegar a esto. Hasta aquí. Quiero decir, últimamente si. Y más. Pero no desde un pirncipio, entiendes?
Se que puede sonar mal pero nose que fue lo que me llevó a perder la cabeza. Nose en que momento exacto me enamoré de ti. Pero se que tienes esa media sonrisa. La única en el mundo capaz de conseguir que los instantes puedan seguir volviéndose mejores todavía. Y la única que tiene la apariencia de ser capaz de hacerlo conmigo siempre. Siempre.
Se que tienes un huequito, ahí entre el hombro y el pecho, en el que me apoyo y olvido que hay un más allá de nosotros y mi metro y medio de cama con queso.
Se que el día que me besaste por primera vez, fue el peor beso que más me ha gustado en la vida. Los nervios torpes de los que menos me he arrepentido jamás. Debajo de aquel cartel, hablando de lobos. Aveces pienso lo bueno que seria parar el tiempo. Quitarle la pila al reloj y volver atrás, a ese lunes de febrero. O más aún, cuando los abrazos eran eternos.
Se que tienes un don para llevarme al limite. Que jamás conseguiré descifrar los sonidos de tu boca al dormir. Que descubrir tu mal humor y tus 45 minutos de margen al despertar ha sido una de las mejores cosas que me han podido pasar.
Como arriesgar. Decidir. Apostar por aquello que algo muy dentro te dice que tengas. Contigo. Para siempre. Y ser valiente.
Y se que lo quiero ser contigo. Valiente. Contigo y tu mal humor. Contigo y tus palabras feas. Y las bonitas. El modo en que me desquicias. Y en el que me enloqueces. Y lo quiero ahora.
Porque igual fueron los besos en la barbilla. O en la nariz. O las notas secretas en el gordo. Y las no visitas. Los amaneceres en vela en la esquinita de mi cama sin cobertura. Los buenos días. Y las buenas noches indispensables. Las manias, o los celos locos de tus bailes nocturnos. O porque si, porque si y punto. Porque llegaste, y a pesar de todo te quedaste.
Por eso, aunque no haya un cuando o un como del momento exacto en el que lo supe, se que seremos. Y no dejaremos de hacerlo nunca.