"Un
hombre tenía que pasar por muchas mujeres para encontrar a la suya, y si tenía
suerte ella estaría ahí.
Para un hombre, quedarse con la primera o la segunda mujer de su vida demostraba ignorancia; aún no tenía ni idea de lo que es una mujer. Un hombre tenía que seguir su rumbo y esto no significaba sólo acostarse con mujeres, follárselas una o dos veces; significaba vivir con mujeres durante meses y años.
No culpo a
los hombres que tienen miedo de hacer esto: supone exponer el alma para
que te la arrebaten.
Desde luego, algunos hombres simplemente se establecen con mujeres, se rinden, dicen: ya está, es lo mejor que puedo hacer.
Hay muchos
de esos, de hecho la mayoría de la gente vive bajo bandera de tregua: se dan
cuenta de que no funciona del todo, pero no importa, vamos a hacer
que funcione, no sirve de nada pasar por todo esto otra vez, ¿qué dan por la
tele esta noche?. Nada. Bueno, de todos modos vamos a verlo; es mejor
que mirarnos el uno al otro, es mejor que pensar en esto.
La tele mantiene unida a más parejas con problemas que los niños o la iglesia.
Pensar en todos los millones de personas que están viviendo juntas a disgusto, y odian sus trabajos y tienen miedo a perder sus trabajos, no me extraña que sus caras parezcan lo que parecen.
Es casi
imposible mirar la fisonomía corriente sin que al final tengas que apartar la
vista y mirar otra cosa, cualquier otra cosa, una naranja, una roca, una
botella de aguarrás o el culo de un perro.
Ni siquiera hay caras decentes en las cárceles o en los manicomios, y el médico que se inclina sobre ti cuando te estás muriendo luce la máscara de un idiota.
A mi me disgusta mi propia cara, odio los espejos;
Nos
equivocamos de camino en alguna parte, algún día hace mucho tiempo, y no
podemos encontrar el camino de vuelta. Que
mierda, eh, colega, que nuestra mierda tenga mejor aspecto que
nosotros...".