martes, 8 de enero de 2013

Pásate por mis estrellas. Tengo algo para tí.


Ya que pienso…
No se porque te hago caso. Sin inspiración no valgo… pero siempre viene bien.

Como viene bien que me lo pidas. Porque “las píldoras que le hago llegar, no le ayudan… más que facilitar su vida, se la complican…” pero ahí está. Pidiéndome una dosis más. Y dándome la mía. Aunque haya días en que parezca que no sirvan. Que no llenan… que nos vacían.


No sé quien es el culpable. Ni si lo hay.  Ni porque es tan bonito.
No sé si sirve seguir saboreándolas, incluso cuando vienen amargas. Cuando nos desvían y nos incitan a perdernos. A nos buscarnos más. A pasar el mono lejos. Sin mandarnos de esos. Sin pensar.

Porque son 133. 132 si lo miramos 9mil más para allá. Y no nos ponemos de acuerdo. Si yo veo pocos, tú te ahogas en ellos. Si yo me hundo, tu apareces con algo de eso que aseguras que no me salva, pero que me mantiene aquí. Borrándote los morros para mí.
Es difícil volar por algo que te haga volver a empezar. Y verte de golpe empezando de cero con algo que has dejado atrás.
No es cuestión de saber lo que quieres. Eso dicen tus dudas. Es cuestión de quererlo ya.


Las mías dicen que lo saben, pero que no saben cómo hacerlo. Que a veces se sienten grandes, pero que cuando las miras, se van llevándose el miedo.
Y aunque vuelven, y ahí están, saben que tengo a un click y dos maletas no una dosis, sino un colocón del bueno. De esos escritos con fuego. Y que a la vez queda muy lejos. Que lo que me mantiene aquí no son píldoras, es ego.


Y que no. Que no eres tú ni tus “sabes lo que pienso”. Es simplemente esto. Esto que aún sigue sin nombre y que no va a servirse de veinticuatros para ponérselo. Porque no te da la gana. Y si no, yo no quiero. Igual escalando balcones y mordiendo. Y esperando. Esperando un vuelo. No de esos que nos mantienen arriba sino de los que nos harán tocar el suelo. Supongo que por fin. ¿Cómo no voy a quererlo?

Se que aquí va una gran dosis. Y no se si será bueno. No se el efecto que tendrá. Y lo que si que se me escapa es hasta cuándo. Si esta droga tan jodidamente buena durará.

Y así cada día. Restándole números a esas tres cifras. Y dibujando tornillos que le den un poco de sentido. O que se lo quiten. Pero que nos hagan estar. Y pensar en ronquidos. Y en días largos. Y en que si falla se inventa. Y en el tiempo que nos queda.
 Todo muy pastel. Como tú. Como yo escribiendo esto.


Mírame. Mira lo que has conseguido. Siete párrafos de informe rosa. Con lo guapa que estoy yo fría y calculadora.
Me lo merezco. Yo pongo los soles. Ya puedes buscar el balcón. Y bien cargadito de vino. 


Tú solo cuenta para atrás… Y hasta entonces no te muevas. No lo hagas. Ni un poquito.