martes, 22 de enero de 2013



Y ahora ya no puedo prestarte mi abrigo. Ni quitarte la ropa, ni sudar contigo.
Ni perder la calma, ni decirte las cosas que nunca te he dicho.

Y ahora ya no puedo prestarte mis alas, ni subirte la falda. Ni cogerte con vicio.
Ahora da lo mismo reirse de todo, que llorar por nada.

Llévame a ver salir el sol cuando enrede los cabellos en tu nuca.
Llévame al puerto de naúfragos, y a los muelles que no escuchan tus preguntas.

Desatando pañuelos de bruma...
Hace algunas horas que perdí la suma.