De pedirte perdón y besarte los pies. Amo cada quiebra de labios atizando al alza mis recaídas, cada palabra que sueñas. La amo.
Pero no sé si busco la paz conmigo mismo o la guerra contra ti.
Incluso a veces creo que las confundo.
Al final no estábamos tan equivocados: con los daños se aprende.
Así fue mi tormenta
perfecta: un desastre injustificado y manejable.
Hay un niño en mis sueños que
se acerca con un globo pinchado y me lo recuerda: “confundes izar velas con
domesticar vientos. ¿Esa es tu idea de la libertad?
Esta colección de improbables es mi temor a otorgarle la pasión a lo imposible.
Todo este refugio
de ausencias bajo el que me busco es el hospital de campaña en el que olvidar
la guerra, mi chiringuito de huracanes por pulir, la nevera donde acicalo el
frío antes de sacarlo a pasear.
Solo hay que buscar en las desgracias de otros
para encontrar ese poco de cinismo con el que poder dormir unas horas cada día,
aunque sea intranquilo.
O buscar una sorpresa en cada sonrisa, como si así
pudiéramos ponerle morbo al paisaje, imáginate: afuera hiela, y aquí dentro no existe el tiempo.
Tengo un “buenos días” en la punta de la lengua, cariño. Tú solo tienes que abrir las piernas".
Tengo un “buenos días” en la punta de la lengua, cariño. Tú solo tienes que abrir las piernas".