lunes, 1 de abril de 2013

Más flores que nunca.


Nos miramos, divertidas. Todo lo sinuoso de la aventura, tuvo un momento de ensoñación. 
Cada día. Con un punto álgido que nunca pudo llamarse conclusión, aunque siempre terminaba siendo el mismo: ¿Qué hacemos aquí?.


Más niñas que nunca. El mejor juego inocente que nos hizo valientes  y más mujeres que siempre.

Lo escrupuloso de la falta y exceso de intimidad, cuando da paso a un guiño claro, mayoritariamente ridículo, pero nuestro. Donde nos decimos todo. Donde cada día nos encontrábamos odiándonos por ser asi, y queriédonos por ello.

Sabiendo lo que dejamos, intuyendo a lo que venimos, creyendo que lo creíamos. Observándonos de reojo. 

Fuerte tú, tiemblo yo. Y si no, nos intercambiamos. Pero no me jodas, dime que esto es real.
Y que acabe pronto, pero por favor,  que no se vaya nunca.


Lo rudo que nos aplaude las decisiones, y lo cabrón que nos mueve el suelo. 
Y el mañana.
La lista interminable de sumas y restas. Si no son días son horas, y si no, ganas. Aun sabiendo respondernos más que nunca con la mirada a los titubeos un: estaremos allí.


Y esto, fue un premio. Condecoraciones propias al par de huevos. Ni por sus palmaditas ni por ellos. Por nuestros sueños. 

A pesar de la nausea de verlo borroso mañana. Desde la cama. No la que nos vió llorar con gritos de auxilio de bienvenida al vecindario, la que nos soportó hablando en sueños y te ayudó a olvidar. Queriendo.
Si no la que solemne aguantó los nervios putos de maletas. Papeles. Y miedos.


Volvemos. Y revolvemos. A ser mujeres en niñas de nuevo.
Con los “me muero” a flor de piel. Nunca sabiendo si son de pena o de prisa.
Depende del momento del día. Aunque a estas alturas, ¿quien engaña a quien? Sabemos vernos donde queremos hacerlo. Y sabemos dónde es.


Recogerse las rodillas apretando fuerte el pecho. A doce horas de que todo quede en un recuerdo. Con nuestro “olvidarte” de fondo. Que nos gusta lo de las torturas mutuas y propias, y si es con lagrimas, mejor.

Pero a quien queremos mentir. Volamos con más ganas que nunca.
Lo que cuentan las bocas, lo desmienten los ojos.

Aun con turbulencias a intervalos de pánico por el no saber. Y el “que será”. Y el “que sería”. 
Ahí viene. Lo de siempre, cargadito de futuro. 

Y lo sabes, parece que nos sonríe.


Sale, Vientos, Simón.
Vamos a guardar lo más bonito, tan bonito que ya lo devoramos. 

Y vamos a desperezarnos, a abrir los ojos fuerte, y a despedir nuestra quimera. 


Vamos a lucir un hasta siempre con recuerdos, y a gritar, y desear:  estoy de vuelta.